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El pasaje bíblico que nos relata este momento de gloria y gracia de la vida Jesús lo encontramos en los evangelios sinópticos de Mateo 17, 1-9; Lucas 9, 28-36 y Marcos 9, 2-10, en el que se presenta a Jesús que en compañía de tres de sus discípulos Pedro, Santiago y Juan suben a una montaña alta para orar, el evangelio de Lucas, que contiene mayores detalles, indica que estos se quedaron dormidos, es en ese momento de oración profunda donde el rostro de Jesús cambia de forma y sus vestiduras se colocan resplandecientes de un color tan blanco como la nieve, al despertar los discípulos y sin comprender lo que pasaba, ven a Moisés y a Elías conversando con Jesús sobre su pasión y muerte por lo que el apóstol Pedro, emocionado por lo que vivía y debido a lo bien que se sentía en el lugar, propone la construcción de 3 chozas una para Jesús otra para Moisés y una más para Elías. En ese momento una nube vino y los cubrió con su sombra, los apóstoles se llenaron de miedo y de ella, salió una voz que decía: “Este es mi hijo, mi elegido; Escúchenlo” (Lc 9, 35).
La transfiguración de Jesús demostró su divinidad y su gloria, fue la demostración y prueba para que sus discípulos comprendieran quien era su maestro y con ello quedaran claros que Jesús era el Hijo de Dios. La presencia de Moisés y Elías que nos representan la ley y los profetas junto a Jesús, nos confirma que Él da cumplimiento de las escrituras como Mesías y se nos invita a estar esperanzados en la resurrección, al anhelo de la vida eterna que como seguidores suyos, debemos siempre buscar. Con la voz que sale de la nube es una propicia invitación a escucharlo, es sin duda, una declaración divina que reafirma la autoridad de Jesús y llama a la obediencia, a prestar atención a la palabra de Dios, a seguir sus enseñanzas y a creer en Él, se nos anima a perseverar y a fortalecer nuestra fe, haciendo de cada obstáculo y sufrimiento diario parte del camino hacia la gloria, se nos invita a la oración como un encuentro íntimo con Dios para discernir siempre su voluntad en nosotros.
Santo Tomás de Aquino nos afirmó que la trinidad entera estuvo presente en la transfiguración de Jesús, El Padre en la voz, el Hijo en el hombre y el Espíritu Santo en la nube resplandeciente.
Muchas veces pudiese pasar que al tener un encuentro personal con Jesús, nos lo queremos guardar solo para nosotros, porque creemos que los demás no son merecedores de la gracia, de la buena nueva, de la experiencia, nuestra actitud muchas veces es la de Pedro, que al sentirse bien, quiere quedarse en esa zona de confort, sin embargo, en este pasaje bíblico, Jesús nos enseña que no es guardándonos como alcanzaremos la gloria, sino por el contrario, haciendo de la cotidianidad un espacio para la enseñanza evangélica, siendo siempre sus testigos ante los demás, y esperanzados en que el final, será mucho mejor que lo que se vive.
Hoy, este pasaje del evangelio tiene mucho que enseñarnos:
Lo primero es que la oración transforma: Jesús se transfigura mientras ora, es la oración simple y verdadera lo que nos conecta con Dios, lo que renueva nuestro espíritu.
En segundo lugar, no debemos dejar que el miedo nos detenga: Es normal que en cualquier momento se pueda sentir temor como sintieron los discípulos, pero la voz del Padre nos llama a confiar y a seguir a Jesús. Es una invitación a no quedarnos en la comodidad, Pedro quería quedarse en el momento de gloria. Jesús, en cambio, nos enseña a salir al mundo, a ser luz en lo cotidiano, y como el lema de este año jubilar de nuestra iglesia, a ser peregrinos de esperanza.
Como tercero sería no guardar la experiencia de fe: Ser discípulo en la actualidad implica compartir, acompañar, enseñar. Tu testimonio puede ser ese faro luz que otros necesitan. En fin, ser hermano, ser fraterno.
San Juan Eudes, veía este pasaje de la transfiguración de Jesús como un adelanto de la gloria que espera a todos aquellos que imitan su ejemplo y logran despojarse de todo lo que no es de Dios. Para el padre Eudes, la transfiguración también revela la gloria del amantísimo Corazón de Cristo y su amor infinito por la humanidad.
Darwing Vásquez
Asociado Eudista
4 Comments
Qué hermoso y profundo mensaje. Es admirable cómo logras transmitir con tanta claridad y sensibilidad una enseñanza tan poderosa del evangelio. La forma en que abordas la transfiguración, no solo desde la teología, sino también desde la vida cotidiana, es un verdadero regalo para el alma. Gracias por recordarnos que la oración transforma, que no debemos tener miedo, y que estamos llamados a ser luz para los demás.
Excelente reflexión de la transfiguración, El Espíritu Santo actúa soplando a cada uno de sus hijos, es bueno sentir miedo, pero ser cobarde no , así que tenemos que salir a gritar a todos los lugares que Cristo reina, que se quedó con nosotros y que hay que ser peregrinos de Esperanzas..Paz y bien!
Hijo de mi corazón, Darwing Vasquez.. siempre orgullosa de ti, hoy puedo decir,el alumno superó a su maestra…le pido a Jesús Sacramentado,en su infinita misericordia te siga tomando cómo instrumento para llevar ése mensaje de esperanza que tantas personas necesitan en el mundo entero..
¡Que Maravilloso, admirable y apreciadas palabras! Darwin esta parte: “Jesús, en cambio, nos enseña a salir al mundo, a ser luz en lo cotidiano, y como el lema de este año jubilar de nuestra iglesia, a ser peregrinos de esperanza.” Llegó a mi justo en el momento más oportuno, un recordatorio de la importancia de salir de nuestra zona de confort para ser peregrinos de esperanza. Gracias, Gracias, Gracias ¡Dios te bendiga!