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25 de agosto de 2025San Juan Eudes y los Santos Padres de la Iglesia
Es muy posible que muchos de los que leen este artículo conocen muy bien quién es San Juan Eudes más no ocurre lo mismo con los Santos Padres de la Iglesia, estos aún permanecen desconocidos por la mayoría, por consiguiente, plantear la relación entre ambos me parece pertinente. Desde la formación inicial eudista hemos sabido que San Juan Eudes alcanzó un altísimo conocimiento tanto de las Sagradas Escrituras como de los Padres de la Iglesia, de estas fuentes nuestro padre fundador nutrió sólidamente su espiritualidad como fiel discípulo de la escuela Beruliana en el Oratorio.
¿Quiénes son los Santos Padres de la Iglesia?
El nombre “Padre” tiene un origen eclesiástico, es el nombre que el amor y la veneración de las comunidades cristianas daban a sus obispos y doctores. Del siglo I al III era común hablar de doctores, maestros que inician al discípulo En el siglo IV se comenzó a usar el término “padre” en el sentido que hoy usamos y que supuso el concepto de una generación espiritual. De este modo, en la antigüedad cristiana se tenía la idea de que el catequista fuera el generador de su personalidad espiritual, por consiguiente, con pleno derecho de llamarlo su “padre” y llamarse hijo suyo.
Para ser considerados como“Padres de la Iglesia”estos personajes o escritos deben poseer cuatro notas características: la primera es doctrina ortodoxa (al menos globalmente), la segunda es la santidad de vida, la tercera es la aprobación de la Iglesia, y la cuarta es la antigüedad eclesiástica (a partir de la muerte del último de los apóstoles hasta, según la opinión tradicional,san Juan Damasceno U 749,para el Oriente griego y san Isidoro de Sevilla U 636, para el Occidente latino. Sus escritos fueron redactados además de en griego ylatín, en siríaco, copto, y armenio.
San Juan Eudes y los Santos Padres de la Iglesia
La Francia del s. XVII conoció el gran resurgimiento de las obras de los Padres de la Iglesia como garantes de la interpretación auténtica de las Sagradas Escrituras, promovida por el concilio de Trento. Gracias a Bérulle, san Juan Eudes bebe de las fuentes patrísticas en su formación oratoriana, sus escritos así lo demuestran, más de sesenta Padres son referidos tanto de Oriente como del Occidente[1]. Entre los más citados mencionemos a Ambrosio, Agustín, Jerónimo, Juan Crisóstomo, Andrés de Creta, Juan Damasceno. Junto a las citas explícitas se pueden encontrar frecuentes referencias implícitas[2], la preocupación fundamental de san Juan Eudes no es la erudición académica sino la predicación que quiere alcanzar los corazones de los oyentes, renovar la fe de los bautizados de modo que puedan optar definitivamente por el reinado de Jesús. Se preocupó por sustentar con solidez y autoridad sus escritos. No temerá parafrasear con el fin de impresionar más al lector, su intensión místico-pastoral buscará las ideas y textos patrísticos más impactantes y hermosos para mover las almas definitivamente hacia la salvación.
Herencia para toda la Iglesia
La Instrucción sobre la enseñanza de los Santos Padres (1989) afirma que la reflexión teológica nunca ha renunciado a la presencia afianzadora y orientadora de los Padres, pues en ellos hay algo de especial, de irrepetible y de perennemente válido, que continúa viviendo y resiste a la fugacidad del tiempo. Decía en su momento el Sumo Pontífice Juan Pablo II, "de la vida extraída de sus Padres la Iglesia vive todavía hoy; sobre los fundamentos puestos por sus primeros constructores todavía se edifica hoy en el gozo y en la pena de su camino y de su esfuerzo diario"[3].
En el actual clima cultural la Iglesia está realizando un delicado discernimiento de los valores espirituales y culturales, que le permite mantener su identidad y ofrecer las riquezas que la expresividad humana de la fe puede y debe dar a nuestro mundo. La Iglesia asume este reto pues para cumplir adecuadamente sus obligaciones, no puede dejar de investigar en las obras de los Padres, como análogamente investiga en la Sagrada Escritura[4].
Las exigencias de la pastoral general de la Iglesia, particularmente, las nuevas corrientes de espiritualidad reclaman alimento sólido y fuentes seguras de inspiración. Frente a la esterilidad de tantos esfuerzos, el pensamiento se vuelve espontáneamente a aquel saludable soplo de verdadera sabiduría y autenticidad cristiana que emana de las obras patrísticas ellas son fuente de aliento y de luz. La permanente vitalidad y actualidad de los Padres demuestra que tienen muchas cosas que decir no sólo a quien estudia o enseña teología, sino al bautizado en general[5].
Concluyamos diciendo que en su momento san Juan Eudes pudo comprender a cabalidad todas estas afirmaciones y supo ser respuesta renovadora para la Iglesia en la Francia del s. XVII. Con ladoble herenciade la Tradición Bíblico-Patrística que se continúa renovadoramente en la rica Escuela Francesa de Espiritualidad, estamos llamados a beber permanentemente de esta fuente de gracia a imitación de nuestro padre fundador. Esta invitación fundamental nos empujará a discernir, desde nuestras inserciones pastorales y vida diaria en el Espíritu, la manera audaz de entregar el Evangelio de la salvación a todos. Haríamos mal si el tesoro de nuestra espiritualidad eudista quedaría acorralado en los corazones de sus miembros o en los archivos de la congregación, este tesoro debemos entregarlo a los bautizados desorientados bajo estériles propuestas religiosas, y a los que dentro de nuestras iglesias no han encontrado aún la fuente vivificante del Espíritu de Jesucristo, la Palabra Eterna del Padre.
Padre David Rodríguez, CJM
Sacerdote Eudista
[1]Cfr. lista de los Padres y Escritores eclesiásticos citada en DAUPHIN J.-LEBRUN CH., OevresComplètes du Vénerable Jean Eudes, t. XII, París 1905-1911, pp. 329 ss.
[2]Cfr. Anotaciones sobre los Padres de la Iglesia en las obras de San Juan Eudes en BERMÚDEZ V., Nicolás, El bautismo en la doctrina del San Juan Eudes, Madrid, 1978, pp. 52-54.
[3]Congregación para la educación de la fe. Instrucción sobre la enseñanza de los Santos Padres en los seminarios, 30 de noviembre de 1989, n. 2.
[4]Ob. Cit. n. 3.
[5]Ob. Cit. n. 4.