
Misiones Eudistas 2026: Un despliegue de esperanza y fe en la geografía venezolana
14 de abril de 2026Detenerse para escuchar: Reflexión sobre la Jornada Mundial de las Vocaciones.
Queridos hermanos, el Papa León XIV dirigió en su mensaje por la LXIII Jornada mundial de oración por las vocaciones una contundente reflexión que motiva al discernimiento del llamado que Dios nos hace a todos nosotros sus hijos; decía que Jesús: “Es el Pastor que cautiva; quien lo mira descubre que la vida es realmente hermosa si lo sigue” en la vida vocacional efectivamente el amor de Dios se desborda de una manera tan avasallante que todo el que experimente un llamado se siente enamorado, su corazón palpita de una manera tan increíble que tal sentir es sumamente indescriptible.
El Santo Padre nos habla de un verbo bastante importante en el discernimiento de un llamado vocacional, el verbo detenerse, pero ¿Qué debemos detener? Principalmente ante el susurro de Dios; en el camino de la vida, Dios llama muchísimas veces, se vale de muchas herramientas para invitarnos a su sendero, pero si nosotros vamos apurados en el transitar, ese llamado puede verse opacado por el ruido exterior, por lo tanto, si sentimos que Dios llama, es importante detenerse y asegurarse que hay un susurro de gracia, así como diría el profeta Jeremías: “Me sedujiste Señor, y me dejé seducir” (Jr. 20, 7).
En ese detenerse, quien ha sentido el llamado experimenta un vacío que, con la dirección espiritual debida, descubre que la oración es la fuente que puede calmar las aguas caudalosas durante un discernimiento, diría San Juan Eudes: “La oración es una elevación respetuosa a Dios del corazón y el espíritu” esta nos permite elevar nuestra vida al mismo cielo, experimentando su amor misericordioso abrazados por Jesús, el buen pastor.
La formación de Jesús en nosotros como cristianos, vivifica y realza una verdadera transfiguración, parece mentira, pero aquel que se ha dejado mover por la gracia su rostro resplandece de tal manera que desde lejos se puede evidenciar. Este es el efecto de quien ha fortalecido su vocación bautismal: la santidad, como por ejemplo la vida de los santos, ya que los testimonios de quienes han tenido la oportunidad de conocer en vida a estos hombres y mujeres, dan fe de la luz que transmitían a los que los rodeaban.
Este IV domingo de pascua es una buena oportunidad para intensificar y fortalecer nuestra oración por las vocaciones, esto no minimiza la acción, la reaviva y acrecienta, ya que como Iglesia tenemos esa importantísima labor al ser partícipes de una efectiva y valiosa pastoral vocacional, que promueva en los jóvenes un deseo de querer seguir al Señor con todo el corazón. Como Iglesia peregrina de Dios, sabemos que este no defrauda, no ignora el clamor de su pueblo, por lo tanto, diría San Juan Pablo II: “La Iglesia no puede dejar jamás de rogar al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Pastores Dabo Vobis Nn. 2).
Es menester, pedir a Dios que siga enviando buenos obreros que realmente se sientan pastores, que reconcilie y sane las heridas, escuche y se sienta escuchado, hable con Dios y sepa hablar de Él, busque la paz y promueva la justicia, diría San Juan Eudes: “Es lámpara ardiente y brillante sobre el candelabro de la
Iglesia: ardiente ante Dios y brillante ante los hombres…” por lo tanto no dejemos de pedir ante Jesús sacramentado cada jueves por quienes conducirán nuestra Iglesia, que ese danos Señor, sacerdotes santos lo pronunciemos desde lo más profundo de nuestro corazón, como un clamor de esperanza y paz en nuestro caminar.
Dejemos que Dios nos bendiga, que sea nuestra luz en medio de nuestro caminar, nos permita escuchar y nos ayude a responder. Viva y reine Jesús y María en nuestros corazones.
Escrito por Yohandy Méndez - Candidato Eudista




